La literatura en todos sus géneros, ensayos, novelas, biografías, epístolas, incluso la profesional con los casos prácticos e investigaciones, penetra en mundos humanos e intelectuales que a la vez, estan llenos de otros mundos.
Los libros son universos en donde la vida de unos protagonistas agita, o pacifica, o todo a la vez, la vida del lector. Cualquier experiencia, cualquier esperanza convertida en ceniza, tendrá su historia homóloga en la literatura.
Todas las historias son inmortales.
Los hilos que unen a los personajes literarios, reales o de ficción, con el lector, le hacen vibrar mientras los vientos de la eternidad lo moverán a través de los tiempos.
La literatura que brota desde dentro (con la expansión de los chatbots generativos merece la pena diferenciar lo orgánico de lo inorgánico) es pura expresión vital. Es la vida manifestada, primero en los escenarios secretos del alma del esccritor, para después, posarse en el alma del lector. Del que recuerda lo que escribió y del que recuerda lo que leyó.
En las páginas de un libro se encuentran los aromas de aquellos momentos que colapsan la vida de los personajes y, en algunos casos, el lector los identificará con los suyos propios. Entonces empieza el diálogo.
El poder sanador de la identificación con el otro, gracias a la literatura, el teatro, el cine, la música y la pintura, permite la supervivencia interior ante cualquier adversidad. La literatura de heroinas, de héroes, de gente corriente, con sus grandes caidas y sus grandes remontadas, alimenta la solvencia intelectual y existencial de quienes se proponen vivir la vida y no abandonarse a la adversidad.
La literatura de biogafías, epistolar, en definitiva, literatura de vidas es como un estimulante gigante que evita el desfallecimiento, ayuda al reencuentro con el propio guión.
Esa gran mansión que es la literatura de ensayo, la novela realista, las biografías, está llena de riquezas afectivas, emocionales, sentimentales, de pérdidas y logros, es la casa de todos. Siempre tiene sus puertas abiertas, nos acoje cuando el mundo llamado real, fuera parece, se subraya parece, una demolición general. Esa mansión siempre tiene libros enlos que refugirse.
Los clásicos nos enseñaron a librar nuestras propias batallas y no caer en guiones ajenos. Por cierto, para profundizar sobre los clásicos puede consultar el magnífico podcast de Emilio del Rio en rne audio «Locos por los clásicos».
El mundo de los libros es ese gran paraiso infinito, siempre florido que, incluso con las peores historias, rehace las almas desoladas, los amores (posibles o imposibles) son amores, la ficción, la realidad, anidan en la mente dl lector.
Ese mundo de los libros tiene tantas vidas como veces abrimos un libro,ya sea para leer y para releer.
Dolors Colom Masfret, Rajadell, 27 de agosto de 2026