El inimaginable, o quizás no tanto, Sant Jordi de 2020 y la rosa despertó entre lágrimas

Estaba anunciado y escrito. Los siglos nos han legado numerosa literatura científica, de ficción, de ensayo… sobre pandemias que azotan a la humanidad, sobre cómo la misma humanidad, cual ave Fénix, se resarce desde sus propias cenizas y sigue sus caminos misteriosos hacia el porvenir. Ello sí, con grandes cicatrices, con grandes desgarros. Ningún camino que se camina está exento de padecimiento.

La COVID-19 ha roto rutinas, desgarra día a día nuestro presente, el de nuestras familias, amistades. Las próximas generaciones leerán sobre ello, nuestro presente, como nosotros leemos sobre la gripe de 1918, o la gran depresión.

Somos humanos y somos mortales. Nuestro tiempo es finito a diferencia del tiempo de los libros que, una vez escritos, alcanzan la inmortalidad y preservan para el futuro la memoria de los tiempos pasados y de quienes los habitaron. Relatos del pasado y relatos del futuro se ovillan en el interior del lector que preso de su presente transita por lo ocurrido o por lo que el escritor, con conciencia de ello o no, profetiza.

Los libros lo contienen todo. Suceda lo que suceda, cuando suceda, siempre habrá un libro que lo acunó. Los libros estos objetos extraordinarios, insustituibles, atesoran lo virtuoso y lo ignominioso, lo deseable y lo indeseable y mientras el hombre está de paso, los libros le sobreviven.  

Desde el silencio pausado de sus páginas en sus líneas emergen historias que dan vida a mitos y a personajes que trascenderán su tiempo y espacio, se tornarán inmortales, a seres que con cada lectura revivirán y cargarán de nuevo con el peso de sus dichas y desdichas, las que un día, escaparon de la interioridad de un escritor, hombre o mujer, que las escribió.

Este Sant Jordi 2020 es un Sant Jordi desconocido, inimaginable… o quizás no tanto. Hace unos días, como si lo presintieran, las rosas amanecieron con lágrimas en sus hojas.  

Lamentamos profundamente el sufrimiento que estos días están padeciendo multitud de personas, multitud de familias, profesionales, trabajadores. Agradecemos el esfuerzo de todos aquellos que desde su voluntad y profesionalidad, desde su conocimiento, contribuyen con inteligencia a paliar los daños y pesares.

Buena lectura y aromas de rosal.

Dolors Colom Masfret. Barcelona, 23 de abril de 2020

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